Cultura e Identidad.
En la sociedad mexicana el estereotipo formado por el bombardeo de la cultura norteamericana, en particular la estadounidense, ha propiciado que la imagen del mexicano promedio sea desdeñada y vista como inferior; pues la conquista ideológica (cuyas raíces devienen desde la conquista territorial por parte de la Corona Española) impregnan en el imaginario un malestar con nuestro fenotipo.
A decir de Samuel Ramos "Si el mexicano tiene una idea deprimente de su valía, es porque se ha fijado en valores de comparación que, como es natural, cambian de magnitud de acuerdo con el punto de referencia que se adopte" (Ramos. 2001)
La cultura se desprende a partir de un sentido simbólico de sociedad, es decir, la cultura emerge de códigos establecidos por común acuerdo, valorizando así las expresiones generalizadas que asoman como la primera capa de una población, los rasgos religiosos, políticos, artísticos etc.
Al ser la cultura una acumulación de expresiones sociales debemos recordar que no por ser esta una formación diversa creada a partir de grupos deshecha el factor de individuo; es en el individuo donde radica el germen y la cosecha de las proposiciones culturales.
La cultura por ende constituye la educación de la población y basamos la educación en el conocimiento acumulado que se ha integrado en el transcurso de la vida como nación; la educación mexicana, que muchas veces se traduce como cultura, debe de asumirse desde la comprensión de no cerrase en una postura reaccionaria e interna, con esto me refiero a que la educación no puede desechar la influencia europea y cerrarse sólo al conocimiento interno de su historia e investigación, ni tampoco debe aceptar la información de la investigación externa (principalmente la europea) sin antes realizar un riguroso análisis de la información que busca penetrar en el acervo nacional.
Samuel Ramos propone una opción para que el estudio de la cultura, y del conocimiento en general, no se vicie por las posturas arriba mencionadas, mientras nos dice que "Son igualmente malos los dos métodos extremos que pueden adoptarse en la educación. O distraerse en absoluto de la realidad mexicana, como se hizo durante una centuria, para adquirir una cultura europea con el peligro de un descastamiento espiritual, o negar de plano la cultura europea con la esperanza utópica de crear una mexicana, que naturalmente sería imposible obtener de la nada(…) Por lo que al conocimiento científico respecta, es preciso relacionar a cada momento el estudio de los principios de la ciencia universal con la observación de nuestra realidad" (Ramos 2001).
TELEDUCACIÓN.
Alejarnos del Sombrero y el bigote
Ahora bien, en nuestra cultura mexicana la televisión ha jugado un papel preponderante en la distribución de la información y la cultura, pues es el medio de comunicación masiva que está presente en todas las casas de la sociedad mexicana y aunque sabemos que la televisión debería asumir su parte de promotora educativa, las empresas dominantes de este medio (en especial la empresa Televisa) se excusan apelando a su postura de servicio de entretenimiento, alegando sus directivos que la función de la televisión no es educar, sino entretener.
la televisión es por excelencia el simulacro más recurrente en la sociedad mexicana, es ella quien realiza las "actuaciones" representativas de la sociedad, es decir, los programas televisivos representan esta serie de posibilidades del mexicano, centran su atención en la vida cotidiana, se basan en las experiencias de realidad que día a día viven los mexicanos, creando una visión trastocada y matizada por conveniencias; estos programas televisivos buscan ser "la vida" de un mexicano y crear un estereotipo de comfort. A su vez, el mexicano se ha negado a deshacerse de dichos estereotipos, se encuentra en una fase intemporal de identificación y sus influencias han permeado tanto que han maquillado en su totalidad la identidad mexicana, convirtiéndola en una mera alusión de lo que creíamos que era.
La implantación de papeles específicos del individuo mexicano en su desenvolvimiento frente a la efigie norteamericana provoca que dicho rol sea asumido como cierto, así es que este flujo de información llega desde la niñez modelando la percepción de inferioridad, estética imperfecta y de comportamientos brutos.
A partir de esta influencia por parte de las series televisivas, se provoca una apropiación de imagen por parte del llamado "ingenio mexicano" donde puede observarse por las calles de distintos centros turísticos del país playeras con estampados serigrafiados que llevan la imagen de un personaje desenfadado, descansando plácidamente recargado en un cactus, porta consigo un sombrero de palma bastante amplio el cual oculta su rostro y un sarape multicolor al hombro rematado por la leyenda "Viva México Cabrones" . Se forma entonces una estructura de pensamiento ambivalente, ya que al mismo tiempo que el "méxicano" permanece inerte, la intencionalidad de la frase es completamente activa y es evidente que el peso recae en el verbo "vivir".
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